La maceta estaba sola en la esquina, se miraba con la puerta sin saber ya de que hablar.
Una noche cuando la luna alumbraba por la ventana, la maceta comenzó a pensar demasiado, se agarraba la cabeza y pronto, en un ataque de pánico, empezó a saltar por la casa desparramando toda su tierra seca y apelmazada como piedras duras, desparramaba la tierra moviéndose a los saltos de aquí para allá, por arriba del ropero, por el escritorio, por las sillas y las mesas, dio un salto más y entró a la cocina como loca; la heladera la miraba, le dijo qué haces maceta, no ves que estas haciendo un desastre. Doña heladera se preocupaba. ¡Por qué maceta! ¡Qué te pasa! Qué estas haciendo! ¡Controlate! La cocina le replicaba maceta, macetita, te vas a lastimar, estás haciendo un desastre terrible, y sin embargo la maceta saltaba y saltaba. ¡Ya estoy cansada! De esta vida maceteada, estoy siempre en la esquina y nunca pasa nada ni siquiera tengo una flor que me acompañe y que me de un poco de color en esa esquina de morondanga. Corrió por arriba de la mesada gritando y empujó la taza que cayó al suelo, todos miraron en silencio a la pobre taza que yacía en el suelo, el silencio se hizo profundo, mudo y aterrador. Los frascos, los cubiertos, los vasos, abrieron los ojos grandes, mirando la maceta que había asesinado brutalmente, en un descuido, a una taza de café. La pobre taza muerta estaba en el suelo despedazada. Desesperada, la maceta asustada juntó lo pedazos de la taza y los tiró en el tachito de la basura que lloraba porque era su amiga. La maceta aún mas asustada se fue corriendo a la esquina y se escucharon los pasos ruidosos de don escobillon. El escobillon violeta abrió la puerta y se encontró con semejante desastre y empezó a recriminarle y a decirle a doña maceta. Doña maceta, ya estás suficientemente crecidita para armar semejante desastre y dejar tierra por todos lados y ... hacer semejante bardo.
Y la maceta le contestó: mire don escobillón, usted es demasiado chiquilin para venir a decirme lo que debo hacer, tanto vivir en esta esquina oscura y en esta casa desolada, podrida estoy de esta realidad seca, porque ni siquiera me riegan. Y el escobillón la miró y le dijo: maceta, macetita, si pudiera arrancarte los pastos viejos y esa madera que te cuelga de tu boca, te juro que lo haría, quedate ahí... y tranquila.
Así que, como un padre comprensivo, el escobillon comenzó a barrer y barrer... y a acomodar todo lo que la maceta había hecho.
Una vez que el escobillón terminó de acomodar todo, la maceta lo miró triste y agachó su cabeza de jarrón y dijo: disculpame escobillon, discúlpenme todos, pero me siento muy sola, estoy con ustedes pero en realidad mi corazón esta vacío, me siento mal porque ni siquiera tengo una flor que me acompañe en esas noches frías o en los días soleados de primavera... Entonces la maceta lloró y reventó en lágrimas, lloró tanto que mojó su tierra y la llenó de humedad; con el tiempo creció una flor y así la maceta al fin no se sintió tan sola, y tuvo no solo una flor sino muchas flores que crecieron y llenaron de color su cabeza de jarrón.
Facundo Rodríguez.
Sobre el texto "El Patio".
María Elena Walsh: (Ramos Mejía, 1930 – Buenos Aires, 2011) poetisa, escritora, música, cantautora, dramaturga y compositora. En el panorama de la canción para niños de Latinoamérica, ella se destaca junto a grandes maestros como el mexicano Francisco Gabilondo Soler y la cubana Teresita Fernández.
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