El bar de la esquina


El bar quedaba frente al botánico, sobre avenida Las Heras. Las inmensas y añosas palmeras adornaban la esquina del frente, haciendo cruz, era un edificio viejo con el encanto de los años cuarenta, de líneas sobrias, ventanales amplios, piso de parquet y puerta giratoria.
Entraba y salía gente, era casi medio día en una ciudad que no descansa nunca.
El sol daba directo a la mesa, los rulos despeinados de Manuel brillaban mas que nunca con ese descuido que solo él llevaba.
Tenia la tranquilidad de todos los días y la dulzura acostumbrada de años de esperar que ella le devolviera una sonrisa.
-Viste, está todo carísimo- dijo ella.
-Igual que siempre, no más.
-Todo sube, la comida, la ropa....
-Es parte de los ciclos de este país.
-No veo como podés contemplar todo como si nada pasara.
-No soluciono nada.
-Y así no cambiamos el mundo.
Mientras sus quejas aumentaban, la gente entraba apenada y ordenaba algo.
-Dos porciones de muzzarela... indicaba el mozo flacucho y encorvado frente al mostrador, mientras el cocinero se perdía en la humareda de la cocina.
Ella gesticulaba, sacaba papeles y no paraba de quejarse.
-No creo que tengas que resolver todo hoy.
-Necesito terminar el trabajo .
-Te quedan tres días para presentarlo.
-Hay que hacer muchas correcciones.
En el momento mas álgido del medio día, entró una pareja.Él habría tenido cuarenta, ella apenas veinte; en ese preciso momento Eugenia dejó de gesticular, trató de armar una frase pero quedó congelada por dentro y por fuera.
-Qué te pasa, dijo Manuel.
-Nada, nada, es que quisiera... si podemos... yo decía que...
Manuel contemplaba azorado sus ojos negros, enormes, mirando nada.
-¿Qué te pasa? Insistió él.
-Nada, yo decía, que tal vez...
Apenas se levantó, Eugenia tomó sus cosas, dejó la comida, Manuel pagó y la siguió hasta que la alcanzó en la esquina.
-Qué pasa.
-Nada, mi ex con su flamante novia acaba de entrar al único bar de esta ciudad; nunca pensé cruzarme con ellos.
Manuel la abrazó fuerte; la miró dulcemente como siempre, ella se acurrucó en sus brazos y dejó de quejarse.

Norma Enriquez.

Sobre el texto "Conversación" de Eduardo Mallea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario